Cartas del tío Policarpo 3
Justus escribe:
"Tío Policarpo, espero que te
encuentres bien. Yo me encuentro un poco afligido por una situación que se está
dando en nuestra iglesia. El pastor nos está diciendo que debemos ser muy
fieles en nuestra asistencia y presencia en el culto, pero algunos pensamos que
esto es un legalismo. Ya que no estamos bajo la ley, sino la gracia, ¿no te
parece que estos tipos de compromisos son opcionales para el cristiano? Por
favor ayúdame a entender esto, tío. Abrazos. Tu sobrino Justus."
Tío Policarpo responde:
Estimado sobrino Justus:
Gracias por escribirme otra vez.
Hace tiempo que no había recibido tus preguntas, ya las estaba extrañando.
Espero que al leer esta cartita dando respuesta a tu pregunta el Señor consuele
tu alma, con su Palabra y su Espíritu.
Sobrino, tengo que decirte que el
pastor de tu iglesia está enseñando lo correcto. El tiene, por lo menos, tres
razones bíblicas para exigir fidelidad a los servicios de adoración.
La primera razón es que es deber
del pastor cuidar las almas de los creyentes, porque los pastores tienen que
dar cuenta a Dios. Hebreos 13:17 nos dice: “obedeced a vuestros pastores y
sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de
dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso o
sería provechoso para ustedes.” Ves sobrino, el pastor tiene como objetivo
velar por tu alma, él sabe que todo verdadero creyente necesita estar siempre
en comunión con Cristo, con el padre y con el Espíritu Santo. Esta comunión,
además de los otros medios de gracia, se hace también efectiva y real cuando
adoramos a Dios en el culto. Por eso el pastor debe preocuparse de amonestar a
todos los hermanos a permanecer fieles en la adoración a Dios cada día del
Señor (cada Domingo).
La segunda razón es que el
Servicio de Adoración de cada Domingo ha sido divinamente instituido. Los
Judíos se reunían para el Servicio de Adoración cada Sábado y así celebraban la
culminación de la obra de la creación tal como Dios la instituyó en el Antiguo
Testamento (Génesis 2:2-3). Pero el libro de los Hechos de los Apóstoles nos
cuenta que se había establecido que cada Día del Señor (cada Domingo), la
iglesia apostólica se reunía para la Adoración a Dios, de manera que así
celebraban la Resurrección de Cristo, la culminación de la Obra de Redención y
el inicio de la Nueva creación que Cristo ha inaugurado (Hechos 20:7, 1
Corintios 16:1,2). Fue también en el Día del Señor (Domingo) cuando el apóstol
Juan recibió la revelación de Dios acerca de la gloriosa Iglesia de Cristo y de
la consumación de los tiempos. De manera que durante la adoración de cada
Domingo, juntos como pueblo de Dios, adoramos al Dios Trino, comprometiéndonos
en la misión de Cristo, y con anhelo esperamos el día de estar ya con El para
siempre. Querido sobrino, ¿acaso no es esto algo que debemos desear
ardientemente cada Domingo?
La tercera razón es que la Biblia
nos aconseja que no debemos dejarnos dominar de la costumbre de dejar de
congregarnos. Nos dice la Biblia en Hebreos 10:23-25: “Mantengamos firme la
profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió; y
consideremos como estimularnos unos a otros al amor y a la las buenas obras, no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos
unos a otros , y mucho más al ver que el día se acerca.” ¿Te das cuenta
sobrino? La buena costumbre del cristiano es congregarse siempre, pues somos
parte de la iglesia de Cristo, que es su cuerpo. Es más, sobrino, si al
creyente del Antiguo Testamento se le exigía estricto cumplimiento de guardar
el Día de Reposo, ¿cuánto más al creyente del Nuevo Testamento? Ha cambiado el
día del séptimo al primero, pero las demandas de Dios en cuanto a guardar la
santidad de día no ha cambiado. Si un cristiano entiende la redención, y que ya
es parte de la nueva creación, y que espera la pronto venida del Señor,
entonces él buscará estar presente siempre en cada Servicio de Adoración. Por
eso sobrino, te aconsejo que seas fiel en tu asistencia al culto (quizás sea
mejor llamarlo Servicio de Adoración).
Adorando así a Dios cada Domingo,
nos preparamos ahora en la tierra para que cuando lleguemos al cielo adoremos a
Cristo día y noche, como nos dice Apocalipsis 7:13-15. No te canses de estar en
el servicio de Adoración, querido sobrino, pues llegará el día que nunca nos
cansemos de adorar a nuestro Redentor día y noche junto con los ángeles del
celo y todos los santos (Apocalipsis 7:9-12).
Ahora al punto. Esta enseñanza de
tu pastor no es legalismo. Aunque es verdad que ya no estamos bajo la ley sino
bajo la gracia, eso no significa que los cristianos debemos asistir al servicio
de adoración cuando así lo sintamos, o cuando nos dé la gana. Te explico las
razones, escucha bien, sobrino. Si estamos bajo la gracia, nos dice Romanos
6:14, ya no estamos bajo el dominio (o señorío) del pecado, el cual conocemos
por la ley. Ahora, más bien, tenemos a Cristo como el nuevo Señor, ya no es el
pecado que conocemos por la ley. Por la gracia de Cristo, por su obra en la
cruz hemos sido librados de la culpabilidad del pecado. Por eso Romanos 6:18
nos declara que ya no somos esclavos del pecado, sino que somos esclavos de la
Justicia (rectitud) de Cristo.
Entonces, querido sobrino, al
estar bajo esta gracia redentora y perdonadora de Cristo, ya estamos
“esclavizados” a obedecerle y adorarle a él siempre. Ya no asistimos al Servicio
de Adoración como una mera obligación de la Ley, sino que asistimos cada
Domingo con gozo para celebrar nuestra libertad del culpabilidad del pecado, y
para adorar al Dios Trino que por gracia nos ha dado esa libertad en Cristo.
Todos los que estamos bajo la
gracia, nos deleitamos en estar siempre en la presencia de Dios junto con su
pueblo, cada Día del Señor. Así que, querido sobrino, dale gracias a Dios que
tienes un pastor que se preocupa por verte siempre en comunión con Dios y con
su pueblo cada Día del Señor. No te dejes dominar por el deseo pecaminoso de
querer ser parte del pueblo de Dios pero a menudo desligándote de él. Díle a
ese deseo, ‘Fuera de mí. Por gracia soy salvo mediante la fe en Cristo, y por
gracia iré al culto siempre para alabar y adorar a mi redentor Jesucristo.’
Dios obre esto en tu corazón, querido sobrino.
Con cariño,
Tu tío Policarpo
- Boletín Teológico Clir, Reforma Siglo XXI, Volumen 5,
N°1, Marzo 2003

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