Los
Ciegos También Ven
por
Guillermo Green
El
ciego parecía ser impertinente. Mientras el Maestro atendía a otros, el ciego
gritaba duro, a tal grado que se oía por encima de todo el murmullo de la
multitud. Algunos intentaron callarlo, sin éxito. Tanto fue su clamor, tanta su
insistencia, que el Maestro mandó llamarlo. El ciego llegó gozoso y confiado
ante el Maestro, y no dudó en nada para responder lo qué quería: “Señor, que
reciba la vista.” Y así sucedió a Bartimeo, él que antes mendigaba por ser
ciego, el día que pasó Jesús cerca a Jericó (Marcos 10). ¿Cómo podía ver
Bartimeo que esta era su oportunidad de recibir la vista? ¿Cómo podía ver
Bartimeo que este hombre era el Mesías, el ‘Hijo de David’ como él mismo
testificaba? ¿Simplemente apostaba a que Jesús le ayudara? ¿O será que los
ciegos también ven?
Hoy en día se habla mucho de obtener visiones -
visiones de esto y visiones de lo otro. Se exhorta a los líderes a que tengan
una “visión” para su obra. Se le critica a algunos de carecer de una “visión”
cuando parecen dar vueltas en lo mismo, sin poder ofrecer un liderazgo
dinámico, fresco. Sin duda, se requiere “visión” para el ministerio. Pero
¿visión de qué? ¿Visión de quién? La visión más importante que Dios nos da no
requiere ojos físicos.
Los profetas
Desde que Moisés fue llamado y
encargado como profeta, el modelo parece haber sido que los profetas eran
llamados a la presencia de Dios - a veces en visión - para ser encargados y
enviados a su misión. Moisés pasó cuarenta días en la presencia de Dios,
recibiendo instrucciones y siendo moldeado por Dios para su tarea. En
Deuteronomio 18 Dios promete levantar a otros profetas “como Moisés” (Deut.
18:15). Cuando bajó de Sinaí, el pueblo de Israel podía ver un poco de la
gloria de Dios que resplandecía de su rostro (Exodo 34:29,30). Dios permitió
este efecto físico para un pueblo débil de fe como una enseñanza de que Moisés
estaba investida de la gloria de Dios, de que como líder y profeta había
recibido de Dios sus órdenes. Moisés fue llamado en Horeb al principio de su
ministerio, y todos recordamos la zarza ardiente, manifestación de la gloria de
Dios. Luego, como líder de todo el pueblo, se repite en grande la entrevista de
Moisés con Dios. Esta visión del Todopoderoso lo transformó de tal modo, que en
una ocasión suplicó a Dios borrarlo a él del libro de la vida con tal de no
destruir a Israel, por desobediente que fuera (Exodo 32:32). El llamado de
Moisés a la presencia de Dios - su visión de Jehová - lo llevó a una
identificación plena con los propósitos de Dios, y a un grado tal que el celo
por el Nombre de Dios superaba aún su propio deseo de ser bendecido. Veamos
unos detalles.
Cuando Moisés está en el Sinaí
recibiendo la ley y el pacto para Israel, Aarón y los Israelitas están en una
fiesta pagana ante el becerro de oro. Dios aparentemente interrumpe la sesión,
y le ordena descender, “porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se
ha corrompido” (Exodo 32:7). Dios se enoja sobremanera, y amenaza exterminar a
Israel y hacer de Moisés una nación grande. Esta idea, en lugar de parecerle
agradable a Moisés, le trae pavor. Su argumento tiene dos facetas - muy
importantes para los que deseamos una visión verdadera de Dios.
1) Moisés apela a la honra de
Dios, objetando que los egipcios dirán que Dios los liberó para ir a matarlos -
cosa que era impensable (Ex. 32:12). Por el honor de Dios, Moisés ruega que
Dios se arrepienta de este mal. ¿Cómo iba a dar motivo a que el vencido se
burlara del honor de Dios? Moisés es motivado por un gran celo por el honor de
su Dios.
2) En segundo lugar, Moisés
apela al pacto que Dios había hecho con Abraham y las promesas hechas a los
patriarcas. Moisés apela a la fidelidad de Dios. En Exodo 34 Moisés recibe la
gran honra de escuchar el Nombre de Dios proclamado por Dios mismo, y su Nombre
es: “Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, piadoso...que guarda misericordia
a millares...” (Exodo 34:6,7). Moisés fundamenta su argumento en la fidelidad
de Dios, recordándole que destruir a Israel sería contrario a su propia
naturaleza y su palabra.
Moisés como cabeza del pacto,
como mediador entre Dios y su pueblo, intermedia como Jesucristo algún día lo
haría. Ciertamente existe un grado de misterio en estos intercambios, porque
Dios “no es hombre para que se arrepienta” (Números 23:19; 1 Samuel 15:29). Sin
duda, Dios está actuando dentro de un marco que los teólogos llaman
“antropomorfismo” - o sea, se acomoda a formas humanas para enseñarnos
verdades. Aquí el enojo de Dios nos enseña su santidad y justicia, y también
provee la oportunidad para que Moisés ejecute su tarea de mediador. En esto
Moisés no falla, y apela a la honra de Dios y a la fidelidad de Dios.
Existen muchas otras visiones de
Dios en la Biblia. Mencionaremos sólo dos más. Isaías tuvo una visión de Dios
que lo dejó pasmado. Su visión en capítulo 6 está en el contexto de capítulo 5
- el pecado, la avaricia, y el desenfreno que practicaba su pueblo, o sea, el
pueblo se dejaba llevar por una ‘anti-visión’. La visión que tuvo Isaías lo
dejó absolutamente convencido de la santidad de Dios, y lo llevó a exclamar:
“¡Ay de mi! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios , y
habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al
Rey Jehová de los ejércitos” (Isa. 6:5). Es interesante comparar la reacción de
Isaías al entrar en la presencia de Dios con los promotores de la ‘risa santa’.
Es más interesante especular lo que habría hecho el ángel si Isaías hubiera
respondido con risas y danzas. El hecho es que Isaías responde correctamente a
su visión de Dios y su santidad - en humildad, reverencia y obediencia: “Heme
aquí, envíame a mi” (6:8). En casi los mismos términos que Moisés, Isaías es
lleno de un celo por el honor de Dios, y ciertamente llegó a ser pregonador poderoso
de la fidelidad de Dios - hasta la muerte. La tradición judía afirma que
Manasés aserró en dos a Isaías (¿Hebreos 11:37?).
Varias veces en su ministerio
Jesús fue honrado por su Padre. Pero lo más espectacular fue su
transfiguración, que dejó a los tres discípulos que lo presenciaron impactados
de por vida. Juan testifica de esta visión: “Vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Pedro dice,
“Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la
magnífica gloria una voz que decía: este es mi Hijo amado...Y nosotros oímos
esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo” (2 Pedro
1:17,18). El que ha visto al Hijo ha visto al Padre. Los discípulos estaban seguros
que habían visto la gloria de Dios en Jesús, su gracia y su verdad. Y lo
compartieron para que por fe otros pudieran “ver” lo mismo.
Hablemos de hoy
Nuestro problema se agudiza si
comparamos estas visiones de Dios con las visiones de hoy. A veces pensamos que
los modernos “visionarios” reclaman demasiado, con sus profecías incumplidas y
sus jactancias absurdas. Aún los más crédulos hoy ya no creen en calzas de oro
en los dientes (¿por que Dios no le da un diente nuevo, sin calza alguna?).
Muchos no creen en la sanidad sin echar mano a los médicos (como si Dios
quisiera que ignoráramos otros medios que nos ha provisto para nuestro
bienestar, tales como ¡respirar o comer!). Yo sé que muchos pastores están
preocupados por los nuevos ataques a la fe sana, el llamado “evangelio de la
prosperidad”, que hace grandes aseveraciones, tiene sus grandes promotores, sus
grandes “visionarios.” ¿Qué podemos decir de los que nos aseguran que la
voluntad de Dios es bendecir materialmente a su pueblo a cambio de - ¿a cambio
de qué? Esa es la pregunta de un millón. ¿A cambio de qué? Las respuestas no
varían en mucho. Por lo general, es a cambio de “echar tu dinero hoy en mi
canasta de ofrenda, y confía que mañana Dios te va a dar el doble.”
Digamos que es así (porque de lo
contrario ganas nos darían de aplicar algunas de las penas que el pentateuco
exige para los falsos profetas; Deut. 18:20-22). Que Dios te va a dar un carro
a cambio de ser fiel en su diezmo. O una computadora que tú necesitas. O lo que
sea. Mi pregunta es esta: ¿Cómo vamos a comparar una visión de un carro con la
visión que tuvo Isaías del Dios tres veces santo? Tal vez una computadora te
hace feliz - pero no te va a llenar de celo por el honor y la fidelidad de Dios
como Moisés. ¿Qué clase de conversación podríamos tener con Juan y Pedro -
comparando la gloria de Cristo en el monte de la transfiguración con la gloria
de un conjunto de lata, espuma y hules - llámese Porsch, Mercedes o lo que
quiera? ¿Te puedes imaginarlo?
El gran problema de los modernos
“visionarios” no es que reclamen mucho, es que reclaman demasiado poco. No son
visionarios en nada - son ciegos, como los fariseos en los días de Jesús.
¿Entrarían en juego aquellas palabras terribles de Jesús cuando criticó a los
fariseos de realmente ser ciegos porque creían ver, cuando fue el ciego que
recibió la vista por la misericordia de Jesús, y respondió con una fe sencilla
y humilde (Juan 9:41)? Los ejemplos que debemos seguir por una visión de Dios
es a Moisés, Isaías, Juan y Pedro - y su reacción a su visión de Dios debe ser
la nuestra también. Los modernos visionarios ciegos sólo pueden motivar a sus
grupos por la avaricia, el egoísmo y la codicia. Mmmm. ¿Será que realmente han
tenido una visión, pero no de Dios?
El problema hoy en día no es cuestión
de tener o no tener una visión. Los ‘super-visionarios’ reclaman para si
grandes visiones de la voluntad de Dios, mientras critican a otros por no tener
ninguna visión. Pero ambos son sólo dos caras de la misma moneda. No existe
líder sin una visión. Todos tienen una visión. Están viendo algo. La pregunta
es: ¿Qué estamos mirando? Si nuestra visión es guiada por los ciegos de este
mundo, cuidado que todos caen en un hoyo. Pero si, siendo ciego, has tenido una
visión del Dios Todopoderoso por su misericordia, esto llenará tu ser de una
pasión por el honor de Dios, por la santidad de Dios, por ver la fidelidad de
Dios manifestada en este mundo a través de Jesucristo “lleno de gracia y
verdad.” No podemos tener ninguna visión por el ministerio sin una visión
primero del Dios verdadero. Luchar por tener una visión por la iglesia sin
tener una visión de Dios es como tratar de ver algo en una cueva oscura sin
ninguna luz. El conocimiento del Dios del cielo, y la pasión por su persona, su
honor, su fidelidad - estas cosas nos prepararán para tener una visión correcta
de nuestra misión aquí, de la tarea en la iglesia, en el mundo, etc.
Probablemente la razón más común por el fracaso de un líder en la iglesia no es
que no tenga una visión para la iglesia - es que no tiene una visión de Dios. Y
se fija en un montón de cosas secundarias, y estas cosas llegan a ser
prioritarias - y llegan a ser “anti-visión” por ser de este mundo.
Bartimeo no vaciló ante la
pregunta de Jesucristo. “Quiero ver.” ¡Por supuesto que quería ver! Pero
notemos que algunos en la multitud lo habían estado callando, apagando,
impidiendo que Jesús le oyera. “Jesús, Hijo de David, ¡ten misericordia de mi!”
Podemos dar gracias a Dios que el oído del Salvador captó la súplica por
misericordia, y su gracia fue mediada y otro ciego vio.
Los ciegos pueden llegar a ver.
¿Y tú?
- Boletín Teológico Clir, Reforma Siglo XXI,
Volumen 5, N°1, Marzo 2003

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