Cartas Del Tío Policarpo
Estimado sobrino Justus:
Tú me dices: «Tío Policarpo.
Estoy confundido. Oigo de controversias en nuestras iglesias que parecen romper
la unidad. Yo creo que el Cristiano debe evitar toda controversia a favor de la
unidad, pues nuestro Maestro Jesucristo pidió que fuéramos uno, como él y el
Padre son uno (Juan 17:21). ¿No es más importante el amor? Por favor ayúdame,
tío.»
Al respecto quisiera, en el amor de Cristo, aconsejarte tres
cosas:
Primero, quiero agradecer a Dios
por tu preocupación por la unidad de la Iglesia. Esto es bueno. Los cristianos
tenemos que pensar en mantener la unidad del Espíritu, porque manteniendo la
unidad en base a lo que el Espíritu nos enseña en su Palabra que El mismo ha
revelado, entonces seremos una iglesia realmente unida. Pues, el Espíritu Santo
y Jesucristo son los primeros interesados en la unidad de la Iglesia. De modo
que nunca habrá unidad de la Iglesia si sus miembros desobedecen las Palabras
del Espíritu y de Cristo, lo cual revela la voluntad del Padre.
Segundo, te pido que averigües
cuáles son los temas de las controversias. Si los temas son, por ejemplo, sobre
el color del púlpito, el color de sandalias que se ponen las señoritas, o
acerca de cuántas reuniones juveniles debe haber al mes, y por eso hay
divisiones y controversias; entonces, en el nombre del Señor, hay que reprender
a quienes dividen a los hermanos por estas cosas.
Pero, si las controversias son,
por ejemplo, sobre cómo debe ser la adoración según la Biblia, o sobre la ordenación
de "pastoras," o sobre el contenido del evangelio; es decir sobre
temas centrales de la Biblia sobre los cuales algunos están enseñando cosas
ajenas a la Biblia; entonces sí es una controversia que vale la pena. Es más,
en este caso las autoridades de la iglesia tienen que censurar a quienes
enseñan cosas contrarias a lo que la Biblia enseña.
Precisamente esto es lo que
Pablo le dice a Timoteo. Nuestro amado apóstol Pablo le insta a Timoteo a
abandonar las «discusiones inútiles» (1 Timoteo 1:6), y que abandone las
«fábulas profanas propias de viejas» (1 Timoteo 4:7). Pablo no nos manda a
evitar «las controversias» en general, sino aquellas que no valen la pena
porque no forman parte del cuerpo de enseñanza bíblica. Pero Pablo nos manda a
retener y luchar por la sana doctrina. Por eso le dice a Timoteo: «Retén la
forma de las palabras sanas que has oído de mí, en la fe y el amor en Cristo
Jesús. Guarda mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que
te ha sido encomendado» (2 Timoteo 1:13,14).
Tercero, no hay que temer las
controversias sobre la verdad del evangelio en nombre del "amor"
entre hermanos. Mira sobrino, los versos que hemos anotado anteriormente,
relacionan el amor con la verdad o sana doctrina de Cristo. Estos versos relacionan
el amor y la verdad con el tesoro (doctrina) que nos ha sido encomendado por el
Espíritu Santo. Nuestro amor es en primer lugar un celo santo por guardar la
pureza de la Palabra de Dios, de la adoración a Dios, y de la extensión de Su
Reino. Si tuviéramos que aceptar distorsiones del evangelio, y desviaciones
doctrinales, en nombre del amor entre hermanos, entonces no hemos entendido ni
lo que es el amor a Dios ni el amor entre hermanos.
Porque amamos a Dios queremos
guardar su Palabra con pureza, a esto se le llama ‘ortodoxia.’ Porque amamos a
los hermanos queremos que ellos estén en una iglesia donde se vive y se
practica según la Palabra de Dios, a esto se le llama la ‘comunión de los
santos.’ No es una comunión de gentes donde cada uno sirve a Dios a su manera;
eso sería un club social. La Iglesia es la comunión de santos llamados por
Dios, guiados por Dios, y reunidos en el nombre de Dios para servir a Dios. Es
una comunión Teocéntrica porque se centra en Dios. Es una comunión
Cristocéntrica porque él es nuestro Rey y nosotros somos sus súbditos. Es una
comunidad neumatocéntrica, porque nuestra comunión es en el Espíritu Santo.
Pero también es una comunión en la verdad del evangelio común a todos.
Por todo esto sobrino Justus, no
tengas miedo de las controversias. Asegúrate de saber el tema que es motivo de
la controversia, y en el nombre de tu Salvador, participa en la batalla por la
verdad de Cristo (2 Timoteo 4:7), y no tengas miedo de las "verdades"
de ciertas personas las cuales, en realidad, se oponen a la verdad como lo
hacían Janes y Jambres (2 Timoteo 3:8-9).
Una unidad que no se construyen
en base a la verdad es una unidad meramente humana, pero la verdadera unidad o
la unidad del Espíritu solamente está basada en la Palabra de Dios. Como nos
dice el Señor a través del apóstol Juan «Santifícalos en la verdad, Tu Palabra
es verdad.» El mismo Juan que tú me citas, querido Justus, nos enseña que la
comunidad (o unidad) de los santos (la Iglesia) es una unidad santa en la
verdad de la Palabra de Dios.
Sobrino, Justus, Que Dios te
santifique en la verdad de Cristo, para que no temas, ni estés confundido; pues
no hay verdadera unida cristiana a expensas de la verdad revelado de Dios. A Él
sea toda gloria y toda honra. Amén.
Hasta pronto:
Tu tío Policarpo
- Boletín Teológico Clir, Reforma Siglo XXI, Volumen 4, N°1,
marzo 2002

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